LISARDO CASTRO

Lisardo Castro consiguió lo impensable:
reformar
la artesanía del jamón ibérico
con una tecnología vanguardista
para mejorar la seguridad alimentaria
en el mundo del ibérico

Hemos conseguido lo impensable: reformar la artesanía del jamón ibérico con una tecnología vanguardista para mejorar la seguridad alimentaria en el mundo del ibérico

LA HISTORIA

El origen de un legado

1

Origen y alma:

“Un viaje de mil millas comienza con un primer paso”

En 1951, en un pequeño pueblo de Castilla y León, nace Lisardo Castro. En un entorno marcado por la dureza de la postguerra, el trabajo no era una elección, sino la esencia de la vida.

Allí, junto a su padre, entre matanzas, inviernos interminables y jornadas que parecían no acabar, crece inmerso en una cultura que valora lo bien hecho. Sin saberlo, daba sus primeros pasos en el mundo del ibérico, un oficio que acabaría definiendo su destino

2

La visión de un hombre:

«El oficio se aprende, la visión se tiene»

Desde muy joven entendió que el mundo era más grande que su origen. Trabajó fuera y aprendió otras formas. Pero siempre volvió al mismo punto: al jamón ibérico. No como un oficio más, sino como un proyecto de vida.

Lisardo Castro tenía intuición, visión y la capacidad de adelantarse a su tiempo. Pronto comprendió que el futuro no consistía solo en producir, sino en crear un producto mejor, más auténtico y memorable

3

Artesano con alma de empresario

Lisardo no heredó una empresa: heredó un oficio. Y decidió transformarlo en algo mucho más grande. Comenzó con esfuerzo y pocos recursos, comprando y vendiendo, cambiando de lugar, enfrentando años de trabajo duro, decisiones difíciles y riesgos constantes. Hasta que llegó el momento de levantar su propia fábrica, donde la tecnología más avanzada encontraba su lugar junto al respeto por lo artesanal.

Se convirtió en empresario sin dejar nunca de ser artesano. Y ese equilibrio marcaría para siempre la filosofía de la empresa.

4

El corazón del legado:

«Un lugar donde las ideas se hacen realidad»

La construcción de la fábrica en Guijuelo marcó un antes y un después. Con la fábrica, la familia y los años de experiencia el proyecto empezó a tomar forma de legado.

Revolucionó la artesanía del jamón ibérico con una tecnología avanzada y vanguardista. Nació una nueva manera de cuidar el jamón, elevando tanto la calidad como los estándares de producción de su entorno.

La fábrica no era solo un lugar de trabajo: era el corazón del proyecto.

5

La familia y la empresa:

«La empresa crece, como crece una familia»

Con el paso de los años, la empresa y la familia crecieron juntas.

La empresa no se puede entender sin la familia y la familia no se puede entender sin la empresa. La siguiente generación se incorporó al proyecto aportando savia nueva pero manteniendo intacto lo más importante: la cultura del trabajo, el respeto por el producto y visión a largo plazo.

En las empresas familiares no hay relevo: hay continuidad, hay confianza y hay un proyecto de vida compartido.

6

La búsqueda de la excelencia:

«Hacer las cosas bien, siempre»

El objetivo nunca fue ser grande, sino hacer el mejor producto posible.

Viajes a Italia, Alemania, E.E.U.U, Japón… tecnología, mejora en los procesos, selección de materia prima, secaderos naturales, controles de calidad…

Todo respondía a la misma premisa: mejorar constantemente.

La excelencia no es un logro puntual. Es una forma de trabajar.

Una obsesión tranquila.

7

Una historia que toma nombre:

«Algunas marcas se crean, otras son el resultado de toda una vida»

Después de toda una vida dedicada al ibérico, al trabajo y a la construcción de un proyecto familiar:

Lisardo Castro no es una marca más. Es una forma de poner nombre a una vida, a un oficio y a una manera de hacer las cosas.

Significa entender que nada importante se construye rápido y que el tiempo es el ingrediente más importante de todos.

8

El legado continúa

Con los años, este proyecto se convierte en algo mas grande: una empresa familiar, un equipo y una filosofía compartida.

Hoy la historia sigue adelante con nuevos proyectos, nuevas ideas, nuevas generaciones y el mismo espíritu del principio: trabajar, mejorar, innovar y cuidar un producto único.

No se cambia de rumbo, se impulsa. Para evolucionar sin perder el origen.

Para convertir cada pieza en el resultado de una historia que sigue viva.

CUANDO LA TRADICIÓN MIRA AL FUTURO.

Otros paladares, otras inquietudes, misma calidad. La imaginación y el jamón ibérico tienen algo en común: no entienden de fronteras. Nuestro compromiso es expandirla, enseñando al mundo la belleza de la gastronomía

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